Nicolás García Uriburu

L'imagination au pouvoir

Luis Felipe Noé

Pintor Agentino

"Fue un hombre muy sensible que supo tener una visión propia y contemporánea del lugar donde había nacido, sobre todo de América latina, con sus famosos mapas invertidos".

Adriana Rosenberg

Directora Fundación PROA

"Era un fundador, el creador de un movimiento y de una corriente. Un artista muy sólido en su marco teórico, consciente de que manejaba un territorio artístico que le permitía saltar de la pintura a la acción, y de la acción a las intervenciones artísticas en la naturaleza".

Nicolás

Buenos Aires, 1937 - 2016

Nicolás García Uriburu nace en Buenos Aires en 1937. Estudia arquitectura en la Universidad de Buenos Aires, a la vez que desarrolla su producción artística. En 1954 realiza su primera exposición individual de pinturas en la Galería Müller y en 1960 expone en la Galería Lirolay.
En 1965 recibe el Premio Braque y, junto con su mujer, se traslada a París, donde residen durante un tiempo. En 1968 obtiene el Gran Premio en el Salón Nacional de Artes Plásticas, con Las tres gracias, obra que se aproxima a la estética pop. Ese mismo año, en la Galería Iris Clert de París, presenta la exposición titulada Prototipos para un jardín artificial, una instalación con animales y plantas de acrílico. El 19 de junio de 1968, en el marco de la Bienal de Venecia, Uriburu lleva a cabo su primera intervención en la naturaleza, coloreando de verde las aguas del Gran Canal con fluoresceína (un sodio fluorescente inocuo usado por la NASA). Esta intervención marca el comienzo de una serie de acciones del artista en contra de la contaminación de las aguas, desarrolladas, posteriormente, en ríos de Nueva York, París y Buenos Aires y en fuentes y puertos de todo el mundo. También realiza una serie de pinturas en las que representa especies en vías de extinción, paisajes y animales sudamericanos. En 1981, junto al artista alemán Joseph Beuys, colorea el Rin y planta 7.000 robles durante la Documenta 7 de Kassel. En 1982 planta 50.000 árboles en las calles de Buenos Aires, acción que repetirá en varias ocasiones. En los años 80 pinta los mitos porteños: Eva Perón, Carlos Gardel y la Virgen de Luján. En 1993 presenta Utopía del Sur, una exposición individual, en la galería Ruth Benzacar de Buenos Aires. Uriburu es miembro fundador del Grupo Bosque, con el cual intervino en las campañas de reforestación de Maldonado, Uruguay, y ha participado en acciones conjuntas con la organización Greenpeace. En Buenos Aires, donde actualmente vive y trabaja, preside la fundación que lleva su nombre, dedicada al estudio del arte de los pueblos originarios de América.

Uriburu. Venecia, medio siglo después

Fue elegido por Christine Macel, directora de la 57a Biennale, para integrar con otros 120 artistas la muestra de los Arsenales que se inaugurará en los próximos días

Christine Macel no había nacido cuando Nicolás García Uriburu coloreó de verde las aguas del Gran Canal el 19 de junio de 1968, en paralelo con la edición oficial de la Bienal de Venecia, mientras el mayo francés era todavía una mecha encendida. Fue una acción audaz, premonitoria y genial. Casi le cuesta la cárcel, pero le abrió para siempre la puerta grande de la historia del arte.

El joven Nicolás, que no había cumplido los 30, escribió ese día una página inolvidable del land art. Lo acompañaban Blanca Álvarez de Toledo, su mujer entonces, y el ya célebre crítico Pierre Restany como testigo silencioso.

La idea había llegado meses antes en la forma de un interrogante decisivo. ¿Por qué no intervenir en el espacio natural? "Pintar el mundo sobre el mundo mismo", resume Restany en el libro necesario y testimonial que escribió sobre Uriburu.

Los meses que siguieron a esa revelación fueron de búsqueda. Estaba claro: el agua era el soporte más móvil. Faltaba encontrar el colorante, que no debía ser tóxico de ninguna manera. Ya se había afirmado en la cabeza del artista su preocupación por la naturaleza y su compromiso ecológico. La investigación lo llevó directamente a la fluoresceína, sodio fluorescente usado para el fondo de ojos en la medicina y en la NASA para detectar rápidamente las cápsulas espaciales cuando caen al mar.

Hacia Venecia viajaron el artista, su mujer y Raquel Forner. Es probable que en esa aventura hayan empeñado todos sus ahorros. Pero la decisión estaba tomada. Una vez en Milán, compraron la sustancia colorante en el laboratorio Carlo Erba y siguieron hacia Venecia, donde le confiaron a Restany el plan de coloración, previsto para la mañana del 19 de junio.

Tras idas y venidas, el gondolero Memo se convirtió en un aliado circunstancial al facilitarle los horarios diarios de las mareas y la extensión y profundidad del Gran Canal. Todo listo. Con un balde de uso doméstico, Uriburu arrojó al agua treinta litros de fluoresceína, mientras Blanca registraba en fotos la histórica acción.

A la hora señalada, la pleamar aceleró la coloración en los tres kilómetros del Gran Canal. De pronto, los canales de la Serenísima se tiñeron de verde fosforescente. Se concretaba una acción histórica. Era la intuición mágica de un artista genial.

Lo primero fue la voz de alerta frente al inesperado fenómeno. Declaraciones a los carabinieri, riesgo de cárcel, mientras turistas y locales viajaban en el vaporetto sobre un surco verde brillante. "E stato un invito alla speranza (Ha sido una invitación a la esperanza)", escribieron los diarios italianos. La belleza del gesto fundacional ganó la batalla y Venecia rindió homenaje al artista argentino.

Como lo rendirá el próximo 9 de mayo cuando Macel, directora de la Bienal, y Paolo Baratta, presidente de la Fundación, inauguren la muestra de los Arsenales en presencia de la familia de Uriburu, de críticos y curadores y, por supuesto, de la troupe de artistas que animará esta edición llamada Viva Arte Viva.

"El arte debe ser vivido como una experiencia, una idea dinámica, una participación fuera de las galerías, en las ciudades, en las calles, en la arquitectura , en la moda", escribe Uriburu. Nada más afín a esta mostra en la que se verán sus coloraciones de Venecia, del Río de la Plata, del East River, en Nueva York, y del Sena, en París. Imágenes intervenidas procedentes de la colección del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) y una foto-pastel del Puente del Rialto, de la Colección Amalia Lacroze de Fortabat.

Viajaron a Venecia también el manifiesto ecológico del artista, escrito de puño y letra, el retrato de la segunda coloración, el manifiesto ecológico en siete imágenes y el testimonio de Uriburu a propósito de la coloraciones del East River, del Sena y del Río de la Plata, documentos procedentes de la Colección Azul García Uriburu.

Viva Arte Viva, ha proclamado Macel, es una bienal diseñada con los artistas, por los artistas y para los artistas porque "el papel, la voz y la responsabilidad de los artistas son más cruciales que nunca en el marco de los debates contemporáneos".

El mensaje y la acción

Restany, acodado en el puente del Rialto, registró el operativo coloración para la revista Domus mientras los diarios europeos consagraban este gesto fuera de libreto que había opacado a la bienal misma. Con lujo de detalles está todo narrado por el crítico francés (1930-2003), fascinado por los pasos del artista pionero del land art antes de que Christo vistiera los puentes.

Poco después, Uriburu fue invitado por Joseph Beuys, "prócer" germano del arte conceptual y del land art, y juntos tiñeron de verde las aguas del Rin de manera simbólica. También plantaron miles de árboles en una edición de la Documenta de Kassel. Años más tarde, Uriburu, coherente con su mensaje y su acción, sería promotor y líder de la plantación de cientos de ejemplares de palo borracho sobre la Avenida 9 de Julio.

Salvar el planeta, cuidar el agua, lo más preciado que tenemos, era el mensaje detrás de la acción. Un credo respetado para siempre y el eje de una obra que habla ese lenguaje: los ríos como las venas abiertas de América del Sur; el mapa invertido; los animales en extinción y el ombú, rey solitario y compañía umbrosa en la pampa inmensa.

La 57a Bienal de Venecia será también un merecido homenaje. El año próximo -que no hay Bienal- se cumplen los 50 años de la coloración del Gran Canal. Oportunidad única para celebrar un acto profético, premonitorio. El destino, en la vida de las personas, escribe sus mensajes por caminos misteriosos. Poco antes de morir, un año atrás, Uriburu recibió la invitación de Macel para ser parte de la muestra de los Arsenales.

Alicia de Arteaga - La Nación

Premios Recibidos

  • 1968, Premio Le Franc, París
  • 1968, Gran Premio Nacional, Buenos Aires.
  • 1975, Primer Premio Bienal de Tokio, Tokio.
  • 1985, Premio Braque, Buenos Aires.
  • 1993, Primer Otium Ecología, Buenos Aires
  • 2000, Premio a la Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires.
  • 2002, Premio Konex de Platino, Buenos Aires.
  • 2010, Premio Carreras Creativas, Centro de Economía de la Creatividad, Universidad del CEMA, Buenos Aires.

Utopía del Bicentenario (1810-2010) 200 años de Contaminación

En el Día Internacional del Agua, el artista plástico Nicolás García Uriburu y Greenpeace tiñeron de verde las aguas del Riachuelo, a la altura de la Vuelta de Rocha, en el barrio de la Boca, para reclamar, de esta forma, el saneamiento definitivo de la cuenca.

Utopía del Bicentenario (1810-2010) 200 años de Contaminación, como llamó García Uriburu a esta acción, se suma a su larga lista de intervenciones artísticas similares que comenzaron en 1968 cuando tiñó de verde las aguas del Gran Canal de Venecia, durante la Bienal de Arte, en el marco de su compromiso personal relacionado con el cuidado del medio ambiente y que, en esta oportunidad, realizó por primera vez en el Riachuelo, uno de los ríos más contaminados del mundo. La intervención se llevó a cabo en el Día Internacional del Agua (1) con el fin de unir el alerta por el grave estado del Riachuelo y la necesidad de cuidar un recurso que es cada día más escaso.

GreenPeace.

50 años de la coloración de los canales de Venecia

En este clima efervescente Nicolás García Uriburu protagonizará un acontecimiento que le cambiará la cara (y el color) al mundo del arte. Con 31 años de edad, el 19 de junio de 1968, en el marco de la Bienal de Venecia y con una actitud contraria e impugnatoria hacia los modos como se organizaba ese evento, el artista argentino tiñó de verde las aguas del Gran Canal. Así poco a poco, aprovechado la marea alta del día, la poesía retomó todos sus derechos durante un buen tiempo. La corriente de la metamorfosis verde había disipado por varias horas los espesos enredos burocráticos y demagógicos de la Bienal. Uriburu había logrado con ello “un golpe maestro, una espléndida demostración de higiene moral del arte” según palabras del crítico de arte francés Pierre Restany (1930 – 2003). Este acontecimiento fue el punto de partida de una campaña internacional de coloración: el verde Uriburu estará presente a partir de ese momento en diversos lugares del mundo, con la intención de acercar el arte a la vida.